Cuando un estudiante llega por primera vez como representante a un Órgano de Gobierno, aparte de estar rodeado quiénes no conoce en su mayoría y le van a evaluar, se tratan asuntos de los que no ha oído hablar en su vida y se utiliza un lenguaje muy técnico. Ante este panorama, no solo es fácil que el estudiante se desmotive, lo más probable es que no vuelva. Pero, sí que hay alumnos que aguantan en estas condiciones.
Nuestra experiencia nos dice que muchos suelen pertenecer a agrupaciones políticas o son simpatizantes activos de las mismas. Éstos, por la dinámica de estas agrupaciones de las que son miembros, son más capaces de ver los entresijos de poder e influencia que se conjugan en los Órganos y puede darse la situación de que se preocupen más en alinearse con aquellos profesores/as más afines a sus organizaciones de procedencia, que en defender los intereses comunes de los estudiantes. La pertenencia a estos órganos de representación supone notoriedad pública que es explotada para ascender dentro de sus propias organizaciones, convirtiendo las delegaciones y consejos de estudiantes en campos de entrenamiento para una posterior incorporación a las listas electorales de sus partidos o aumentar la posibilidad de ascenso en las mismas , por lo que las motivaciones presentarse a las elecciones de representantes pueden alejarse en exceso del “interés común” estudiantil. Estos hechos hacen que las estructuras estén muy limitadas en cuanto a su capacidad de atracción, haciéndolo principalmente a un determinado perfil de estudiante.
Gente como yo
La mayor parte de los jóvenes (73%) no sienten que sus preocupaciones sean compartidas por los cargos políticos, y en este sentido se muestran de acuerdo con la afirmación “los políticos no se preocupan mucho de lo que piensa la gente como yo”.
Si el desempeño de funciones de representación, está reconocido e incentivado, principalmente en ámbitos políticos que la gran mayoría de jóvenes rechaza, se produce endogamia, quiénes se interesan por dichas funciones son los/as de siempre y no se favorece el establecimiento de vínculos entre representantes y representados, reduciendo en exceso la información que se intercambia entre unos y otros. La participación ha de ser capaz de atraer a un elevado número de personas, que responda a todos los intereses presentes en nuestras aulas. Si el estímulo contiene elementos que producen un mayoritario rechazo (política), habrá una mínima participación y lo que es peor, la legitimidad de la representación puede verse seriamente dañada . Por tanto, hemos de tratar de que los aspectos estructurales y funcionales, no conviertan a los órganos de estudiantes en proyecciones de las desigualdades y fracturas ya existentes en la sociedad y órganos de gobierno institucionales y que tanto rechazo producen.
Alfonso Nicholls y Martín Ruiz