Información
Universidad de Cantabria.
13-11-2009 12:00 PM El Tiempo Editoriales

Presente Mítico

El mito de los signos

16 JUN 09

Detengámonos por un momento en el primaveral amanecer del 25 de marzo de 1980 en París. En la calle de las Escuelas, frente a la Sorbona, está el edificio del Colegio de Francia, sede de las mentes consagradas por el máximo reconocimiento académico de una vida intelectual centralizada en esa ribera izquierda del Sena, el distrito V, a la altura de Nôtre-Dame y al otro lado del bulevar Saint Germain.
El Colegio de Francia, que ha conocido el paso de grandes figuras como Champollion, Cuvier, Bernard o Bergson, tiene cuatro grandes profesores de alcance internacional en su plantilla de estudiosos de la humanidad. Cuatro grandes desmitificadores de la modernidad.
Está, primero, el etnólogo Claude Lévi-Strauss desde 1959, que llega al Collège con 51 años cumplidos. Es el gran estudioso de la lógica del pensamiento mítico y del fundamento mítico del pensamiento occidental. Están, después, el historiador, filósofo, politólogo y sociólogo Raymond Aron, y el historiador y filósofo Michel Foucault. Ambos han entrado en el Colegio en 1970, el primero a sus 65 años para la cátedra de Sociología de la Civilización Moderna, y el segundo a sus 44 para la cátedra de Historia de los Sistemas de Pensamiento.
Está también Roland Barthes, el semiólogo. Ha entrado en el Collége en 1976, una admisión muy tardía, pues el comunicólogo es ‘manchego’, ha nacido en Cherburgo durante la Primera Guerra Mundial, en 1915 (una guerra en la que su padre pierde la vida en 1916; la madre, Henriette, vivirá con Roland durante 60 años). Es la primera cátedra de Semiología Literaria en la historia del Collège.
En este día de primavera, Barthes va a morir. Y lo va a hacer como otras víctimas de la civilización urbana: Gaudí, atropellado por un tranvía; Pierre Curie, arrollado por un carruaje. Hace un mes, Barthes, de vuelta de un almuerzo ofrecido por el líder socialista François Mitterrand, ha sido embestido en la rue des Écoles por la furgoneta de una lavandería. Hay una conspiración del destino en esta suma de llegar tarde al Collège, morir su madre ese mismo año, y ser arrollado más tarde en las mismas calles universitarias que han sido el anhelo de este pensador provincial (nacido en Normandía, criado en Bayona) y algo nómada.
Si Aron es el desmitificador irónico y corrosivo del marxismo en todas sus variantes, y Foucault es el modelo de la filosofía de la sospecha y el desmontador de los poderes del discurso, Barthes es el hombre que desmitifica la realidad social mitificando los signos.
Barthes nos muestra en sus obras de teoría y crítica que la aparente transparencia de nuestro mundo es en realidad el efecto luminoso de un artilugio llamado capacidad simbólica. Si al leer una historia tenemos la impresión de que nos narra sucesos verdaderos -sin que esté a nuestro alcance real la prueba que demostraría esa virtud-, es por los recursos que el lenguaje pone en juego para crear en nosotros una actitud de crédito. Tenemos entonces l’effet de réel.
En 1953 Barthes publica su primer ensayo, El grado cero de la escritura. Y cuatro años después, las Mitologías, análisis semióticos de la cultura de masas de la Europa que se recupera de los daños de la Segunda Guerra Mundial. Es así Roland Barthes uno de los primeros en efectuar el análisis mitológico de la sociedad, precisamente porque la vida social es estructurada por los sistemas de signos. Barthes, aparte de analizar la mitologización de fenómenos culturales (como por ejemplo la significación del vino en la sociedad francesa), dedica la segunda parte de Mitologías a mostrar cómo surge el mito y cómo se ‘naturaliza’ hasta formar parte de nuestra manera intuitiva de entender la realidad.
Si Ferdinand de Saussure había distinguido en el signo lingüístico entre el ‘significante’ (la materialidad de la expresión, la palabra) y el ‘significado’ (el contenido que se comunica a través del significante), Barthes mostrará cómo, en el mito, es el propio signo (significante+significado) el que se convierte en significante de otro significado distinto. Un mito es la instrumentalización de un signo completo para representar un segundo significado, una segunda intención. Los ejemplos concretos de Barthes son dudosos en la medida en que no distingue siempre entre signo lingüístico y signo icónico. Así, toma una portada de Paris-Match como un caso de mitificación: la imagen de un soldado negro transmite el significado de un imperio francés multirracial. La mitología está al servicio de la ideología y, normalmente, de la ideología de las clases dominantes (Barthes, como Foucault y a diferencia del gaullista Aron, siempre ha estado a la izquierda). A la vuelta del verano, hablaremos del imperio de los signos y del grado cero de la escritura. De aquella mañana parisina de 1980 y de aquellos cuatro maestros, sólo queda Lévi-Strauss, ya centenario.

JLF

[Política de Privacidad] [Nota Legal]

Todas las opiniones expresadas en este sitio son responsabilidad de sus autores. El Gallo no se hace responsable del contenido y veracidad de las mismas.

IC Gabinete de Comunicación EuroCastalia