Homenaje a Eulalio Ferrer
18 JUN 09
La UC, el Ateneo y la Real Academia Mexicana de la Lengua recuerdan al Doctor Honoris Causa
La Universidad de Cantabria, el Ateneo de Santander y la Real Academia Mexicana de la Lengua, tres instituciones a las que Eulalio Ferrer estuvo estrechamente ligado, rendirán este próximo viernes un homenaje al insigne santanderino.
El Ateneo de Santander acogerá este acto del que se quiere hacer partícipe a esta ciudad donde nació y que cada año, desde México, visitaba fielmente hasta el momento de su fallecimiento, el pasado 24 de marzo. Se iniciará a las 20 h., y contará con la presencia y las intervenciones del rector de la Universidad de Cantabria, Federico Gutiérrez-Solana y el presidente del Ateneo de Santander, Carlos Galán. También intervendrán, como ponente invitado, el presidente de la Real Academia Mexicana de la Lengua, Ruy Pérez Tamayo y el profesor de la UC, Jorge de Hoyos, que realiza su investigación en Méjico, becado por la Cátedra Eulalio Ferrer.
Cátedra del exilio
Eulalio Ferrer giraba una de sus últimas visitas a Cantabria el pasado verano. El 18 de julio visitaba la UC, en donde su generosidad y mecenazgo había puesto en marcha hace cinco años la Cátedra que lleva su nombre y cuyo objetivo principal es unir, a través de la ciencia, el conocimiento y la investigación, los dos escenarios sobre los que giraba su vida: Santander y México.
Formación, investigación y actividades son los tres pilares sobre los que se asienta la Cátedra Eulalio Ferrer de la Universidad de Cantabria, que dirige el profesor de la UC, Manuel Suárez Cortina. Esta nacía gracias a un convenio entre la Fundación Cervantina y la UC, y el empuje y apoyo del publicista y comunicólogo Eulalio Ferrer, que da nombre a la Cátedra. Su objetivo principal es el estudio del exilio, de la emigración entre España e Iberoamérica.
No obstante, la relación de Ferrer con la UC se remonta a unos cuantos años atrás. Uno de sus momentos más significativos fue la entrega en 1994 de la máxima distinción universitaria: Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cantabria.
Si hay que esbozar unas breves pinceladas sobre alguien tan polifacético y vital como Eulalio Ferrer (Santander 1921) quizá hay que empezar por un trágico hecho que marcaría su existencia y su destino : la guerra civil española. Capitán del Ejército de la República con apenas 19 años, había destacado antes como dirigente de las Juventudes Socialistas en Santander, donde su padre era tipógrafo y corrector en un periódico local. Ya en México, en 1940 trabajó en la revista Mercurio, donde llegó a director. En 1946 fundó la agencia Asuntos Modernos, que en 1960 pasó a llamarse Publicidad Ferrer y fue durante décadas la empresa publicitaria más importante de México, con oficinas en Nueva York, entre otras grandes ciudades.
Pero Ferrer fue sobre todo un hombre de la cultura y el pensamiento, y un gran mecenas. Su vocación nació cuando cambió sus cigarrillos por un libro en el campo de concentración. Un soldado barbudo gritaba entre los refugiados: "¡Cambio tabaco por libro!". El libro era el Quijote, en edición de Calleja de 1906. Como no tenía almohada, fue su soporte de noche, y su lectura. Ahí nació su pasión de bibliófilo. Su Museo Iconográfico cervantino es el más importante del mundo. Reúne 850 piezas: pinturas, esculturas, grabados, porcelanas y obras de importantes artistas internacionales. Todo lo donó a México, en agradecimiento por la acogida del país al exilio republicano.
Su bibliografía, con más de 35 títulos, incluye El lenguaje de la publicidad, De la lucha de clases a la lucha de frases e Información y comunicación, entre otros. Su primera incursión en la ficción, la novela Háblame en español, se presentó el verano pasado en Madrid.
Rico empresario y escritor de éxito en México, hasta llegar a la Academia Mexicana de la Lengua, Ferrer no olvidó sus raíces santanderinas. No pudo regresar a España hasta 1969.
Entre las muchas distinciones que recibió, hay que destacar la medalla de oro de Cantabria, el título de hijo predilecto de Santander y el doctorado honoris causa de la Universidad de Cantabria. Volvía cada año un par de veces a Santander, donde presidía el premio Menéndez Pelayo, del que es mecenas. También era patrón del Instituto Cervantes y patrón de honor de la Fundación Bruno Alonso.