Lourdes Bermejo: “no todo el mundo sirve para acompañar a una persona en su final de vida”
20 AGO 09
La experta destaca que el equipo profesional tiene que tener, además de conocimientos técnicos, “carácter humano”
Lourdes Bermejo, experta en intervención social, destacó hoy que el personal que forma el equipo terapéutico que acompaña a la persona en situación final de vida tiene que tener, además de los conocimientos técnicos, una “sensibilidad especial” porque “son momentos en los que no solo se trata de ser un técnico sino que también es imprescindible ser un técnico con carácter humano”.
“Hay que ser capaz de ponerte en el lugar del otro, de percibir sus necesidades y de comprender las reacciones de la familia que expresan su rechazo a ese momento”, consideró.
Bermejo, que participa en el Curso ‘Abrodaje integral de la persona mayor al final de vida’, analizó el papel que tiene que tener el equipo profesional que está cuidando a esa persona en situación de final de vida: qué se puede hacer antes, qué hacer en el momento del proceso y, posteriormente, analizar cómo han trabajado para mejorar.
La doctora consideró que “no todo el mundo sirve para acompañar a una persona cuando está a punto de morir”, sino que son necesarias unas habilidades tanto profesionales como personales.
En este sentido, señaló que han de tenerse unas competencias técnicas para evitar el dolor y facilitar el confort, pero también tener un “componente relacional especial” para cubrir el apoyo emocional a la familia.
Además, destacó que muchos equipos terapéuticos que mienten o rehúsan decirla verdad cuando el paciente pregunta si se está muriendo. En su opinión, hay que respetar que la persona que está al final de su vida quiera saber qué le está pasando porque el derecho de información de la persona es un derecho fundamental.
Por tanto, apuntó que “hay que tener un componente técnico, relacional y ético todo muy mezclado”.
El equipo
Bermejo subrayó que cuando una persona fallece está implicado todo el equipo laboral, desde psicólogos, personal de enfermería, de atención directa, el trabajador social, etc.
Así, recomendó que todo el grupo de trabajo tiene que perseguir un objetivo conjunto pero cada uno ha de poseer una tarea. De este modo, hay quien se encargará de que la familia esté cómoda, otra de prestarle apoyo afectivo, otra organizativo…
Finalmente, Bermejo explicó que existen tres etapas en la atención final de vida de una persona. La primera, la fase previa, donde el equipo tiene que tener pensado qué puede ofrecer a la familia y qué normas se va a saltar, “porque en esas situaciones es inevitable”.
“La organización tiene que estar preparada antes de tiempo para saber con qué recursos cuenta, qué limitaciones y hasta dónde se puede entregar”, apuntó.
Durante el proceso, Bermejo consideró como importante “no dejar que la situación te lleve sino, anticipándote, sabiendo lo que va a pasar, actuar antes para que no tengas que ir reactivo”.
Y, después de trabajar un caso, evaluarlo con una serie de indicadores objetivos que analicen cómo se ha trabajado como equipo y qué se puede mejorar para la próxima vez.
“Son temas delicados como para no dejar que la improvisación sea tu motor”, concluyó.