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Universidad de Cantabria.
13-11-2009 12:00 PM El Tiempo Editoriales

La Universidad de la Vida

El bote de ida y vuelta

15 OCT 09

El otro día el profesor Gabernet -el corazón de los árboles- venía con un bote metálico en la mano. Nada más entrar en clase comentó en voz alta enseñándolo: “este es un bote de ida y vuelta”.
Y acto seguido lo empujó por el suelo, se quedó mirándolo como rodaba a la vez que dio un pequeño silbido.
El bote recorrió unos metros hasta que se paró y, en ese momento, comenzó la vuelta atrás llegando de nuevo a donde estaba el profesor Gabernet que recogiéndolo comentó: “¿será por el silbido?”.
A continuación volvió a repetir la acción y sin proferir silbido alguno el bote realizó el mismo recorrido que la vez anterior.
Al tomarlo de nuevo, dijo en voz alta: “lógico, se trata de un bote de ida y vuelta”, pero añadió: “seguramente aquí tiene que haber un consumo de energía, sería interesante que explicarais por qué ha ido y venido el bote”.
Lo pasó a sus alumnos que enseguida y tras lanzarlo varias veces miraron en su interior.
Se trata de un bote redondo, normal, al que se ha colocado de lado a lado -entre sus tapas- una goma elástica y en una de sus ramas un contrapeso.
El funcionamiento es muy sencillo: el lanzador es el primero que consume energía, obtenida de sus alimentos, y esta se la transfiere al bote que la muestra en forma de energía cinética. El contrapeso hace que el bote se vaya frenando a la vez que se enrosca la goma elástica, por lo que la energía cinética se va transformando en energía potencial elástica. Cuando llega a pararse, el peso hace que la goma elástica se desenrosque y vuelve hacia atrás transformándose la energía potencial elástica de nuevo en energía cinética.
Éste es uno de los recursos que utiliza el profesor Gabernet en su clase. Trata de atraer la atención y generar un debate entre sus alumnos. Piensa que en el aprendizaje, la conversación en torno a un tema, es una buena herramienta. Para ello, comienza por plantear cuestiones en las que todos tengan algo que decir.
En este proceder es importante trabajar dos aspectos. Primero, la idea de que conversar es hablar después de escuchar y escuchar después de hablar y, segundo, la necesidad de generar en el grupo un ambiente de la llamada “democracia epistemológica”, es decir, la idea de que no se va a juzgar a nadie por lo que diga, de que todo conocimiento tiene valor, pues es la única manera de que los participantes expresen sus pensamientos, pongan en juego sus ideas.
Para ello, las cuestiones que se planteen tienen que dejar un tanto descolocado a los que la reciben, de manera que no se puedan agarrar a una respuesta “oficial”.
A veces, lo hace mediante la presentación de un aparato, como es el caso del bote de ida y vuelta, otra mediante una situación problemática que los alumnos deben tratar de resolver diseñando ellos y construyendo algún aparato con el que llevar a cabo alguna pequeña investigación.
Claro que no se puede llegar a un aula y plantear el diseño y construcción de, por ejemplo, un termómetro, si no se tienen de antemano varias soluciones a la propuesta.
Suerte tiene el profesor Gabernet de contar con más de 150 diseños de aparatos que se corresponden con otras tantas cuestiones. Con ello, se pueden dar pistas, pero siempre recordando que uno de los objetivos perseguidos es el desarrollar la creatividad, la imaginación y la satisfacción personal de los alumnos obtenida al generar nuevos conocimientos con diseños propios.
Tratando siempre de cumplir con la idea de que: “si quieres ser una persona creativa y seguir siendo tú mismo, tú misma, no imites a nadie”.
Es necesario estar despierto para reconocer la multitud de recursos que nos rodean, no nos vaya a pasar lo que cuentan les pasó a los directivos del Praviano C.F. en los años cincuenta, que escribieron a los directivos del R. Madrid interesándose por lo que hacían para tener un césped tan bueno en el estadio de Chamartín -ahora Santiago Bernabeu-. La contestación fue escueta y rápida: “nos dejan ustedes de una pieza, pues el césped lo traemos de Pravia”.

Enseñar es un arte, por José Ignacio Flor Pérez

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