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Universidad de Cantabria.
13-11-2009 12:00 PM El Tiempo Editoriales

Editoriales

Política y sociedad del conocimiento

11 NOV 09

Noviembre es un mes fundamental para conocer si sale adelante, dentro del programa nacional de campus de excelencia internacional, el presentado por la UC, con la UIMP y con el apoyo de otras 17 instituciones y colectivos tanto regionales como nacionales, bajo el título ‘Cantabria Campus Internacional’. Es, sin duda, uno de los proyectos más ambiciosos presentados jamás en nuestra tierra en época contemporánea, porque representa no sólo una iniciativa de orden educativo o científico, sino un verdadero proyecto de región. Solamente por esto, ya cabría reconocer la capacidad formuladora y persuasiva del Rector de la UC y su equipo, pues desde luego un consenso tan amplio en torno a un objetivo tan específico nunca es fácil de articular, como algunos roces protocolarios, afortunadamente tormentas en vaso de agua, llegaron a manifestar. La participación de la UIMP, el compromiso del Parlamento y el Gobierno de Cantabria y el respaldo incondicional de Emilio Botín forman el centro de gravedad de esta propuesta, que además se desarrolla de forma muy interesante con su entorno municipal y territorial, con las fundaciones, con Valdecilla y con entidades nacionales tan relevantes como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Agencia Estatal de Meteorología, el Instituto Español de Oceanografía o Puertos del Estado.
Gracias a estas virtudes el proyecto CCI superó el primer listón selectivo, donde ilustres y mayores universidades quedaron, para su desagrado, en la cuneta. Ahora se trata de concretar todo aún más, para que el grupo de evaluadores internacionales revalide la posibilidad de que la UC pueda constituir en su campus hasta ocho sub-campus especializados capaces de competir con los mejores de Europa en lo suyo, es decir, capaces de competir a nivel mundial. Si compites con Cambridge también lo estás haciendo con Stanford.
Si el éxito corona los esfuerzos desarrollados desde que Gutiérrez Solana propusiera, al comienzo de su segundo mandato rectoral, la idea de un ‘campus integral’, se abrirá una etapa nueva no solamente para la UC, sino también para la comunidad de Cantabria. El CCI significa una importante inversión en infraestructuras y equipamientos, pero eso no es lo más importante. Lo principal es que se convertirá en una universidad mucho mayor y mucho mejor. Mucho mayor, porque compondrá una oferta orientada a la esfera internacional, tanto para los alumnos españoles como para los extranjeros. Y mucho mejor, porque sólo podrá aspirar a esa función si se asegura, en sus procedimientos de planificación y de evaluación, un nivel de calidad máxima que le permita rápidamente ganar puestos de prestigio en la educación superior europea. Y ello no sólo en cuanto a la docencia. Efectivamente, los campus proyectados dentro del CCI tienen una vertiente muy poderosa de investigación científica y transferencia del conocimiento, por un lado, y de divulgación del conocimiento y trabajo cultural con la sociedad, por otro. Dicho un poco hiperbólicamente, el CCI será la industria de Cantabria en el siglo XXI. Una ‘industria’ compleja que deberá incrementar nuestro producto interior bruto y nuestro nivel de empleo de calidad, a partir del sector de sociedad del conocimiento.
Naturalmente, todos deseamos ardientemente que el éxito se produzca y que efectivamente Cantabria pueda por fin, gracias a su universidad, afrontar un cambio de modelo productivo absolutamente necesario, y que el boom del ladrillo no hizo sino demorar con sus fáciles promesas. Ahora bien, si el CCI no recibe el parabién del Gobierno Zapatero, ¿mantendrá Cantabria su política de consenso por la sociedad del conocimiento? ¿Se acreditaría un vigor en la apuesta por este modelo productivo, si una simple revés en una convocatoria ministerial fuera bastante como para que todos los implicados pasaran página para entretenerse en otra cosa?
Esto no nos parece ya posible. Cantabria tendrá el CCI o, en el peor de los escenarios, una primera etapa hacia un futuro CCI. Si se mantiene la voluntad de apostar por el conocimiento como eje de un desarrollo de calidad y del bienestar social de Cantabria, hay muchas cosas que tendrán que realizarse forzosamente, haya o no el amparo del programa de excelencia internacional. Pensemos en los institutos previstos en el PCTCAN, en el desarrollo del proyecto Tres Torres en Las Llamas, o en el futuro impacto de Comillas. Todo esto contribuye al CCI, pero existe también sin él.
Lógicamente, es mucho mejor mantenerse en la vanguardia del programa y ser merecedor inmediato de su reconocimiento. La posibilidad de poner en marcha simultáneamente todos los proyectos de las ocho áreas de especialización del campus garantiza que las sinergias serán máximas, mientras que un despliegue más lento o más irregular restaría efectividad a lo que se pretende.
Es un buen síntoma que Cantabria haya sido capaz de plantearse su futuro de un modo tan ambicioso y específico. Ya podría haber en todos sus focos de interés la misma claridad determinante de una visión. Cuando no sabemos muy bien qué hacer con nuestro territorio, con nuestros bosques, con nuestra ganadería, con la vieja industria, con la construcción desinflada... no vendría mal que esa creatividad positiva que la UC ha mostrado en esta ocasión, sirviendo de catalizadora, se mostrase ante el conjunto de nuestros desafíos.

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