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Universidad de Cantabria.
13-11-2009 12:00 PM El Tiempo Editoriales

La Universidad de la Vida

Cambio de paradigma

07 ENE 10

 

Vivimos inmersos en una cultura y, cuando actuamos, no lo hacemos basándonos en la elección entre varias maneras posibles, sino siguiendo una pauta que creemos que es la única viable y que aceptamos sin preguntarnos nada. La cuestión es que, con esta manera de actuar, hemos generado la multitud de problemas ambientales que nos agobian. Es necesario cambiar el paradigma desde el que tratamos de explicarnos el funcionamiento del mundo.

¿Por qué no alcanzamos a conocer la crisis ambiental?

 

Al utilizar el paradigma mecanicista, paradigma que todavía impregna tanto el conocimiento cotidiano como buena parte del conocimiento científico, estamos obteniendo una visión parcial y defectuosa de la situación.

 

Sin entrar en definiciones profundas, podemos caracterizar el paradigma mecanicista por ser fiel a una idea principal: la naturaleza está al servicio del hombre para ser dominada y sacarle provecho, con la matización en los últimos tiempos, de que es necesario explotarla con cuidado.

 

También se caracteriza por los siguientes puntos de vista:

 

  • El crecimiento económico puede ser ilimitado (idea de progreso indefinido)
  • Los recursos del planeta son prácticamente inagotables
  • La ciencia y la técnica resolverán los problemas que se puedan presentar.

 

Estas ideas siguen impregnando nuestro pensamiento como grupo. Basta con fijarnos en los anuncios de televisión, donde para ensalzar cualquier producto se dice que ha sido científicamente probado y, si además se añade que es biodegradable, ya no se puede pedir más. Palabras que se usan con muy poca rigurosidad.

 

Imagen de la ciencia.

 

En cuanto a la ciencia, predomina un enfoque empirista ingenuo, que se puede definir sobre la base de los siguientes principios:

 

  • Neutralidad e infalibilidad del método científico. (la ciencia tiene un método único y universal para la elaboración del conocimiento que garantiza la “verdad” del mismo). Cualquier investigador utilizando el método científico llegaría al mismo resultado.
  • Inductivismo. (la “verdad” está en la realidad y con la aplicación del método científico podemos descubrirla). Bunge no está muy de acuerdo con ello cuando manifiesta que no nos olvidemos de que las teorías crecen en el cerebro y no en el campo.
  • Objetivismo. (el método asegura la objetividad). Esto cae por su propio peso; multitud de investigaciones han puesto de manifiesto la influencia de las ideas del investigador sobre los resultados obtenidos. Todos filtramos la información que recibimos según nuestras concepciones personales.
  • Absolutismo. (la ciencia como un conjunto de verdades absolutas)
  • Superioridad del conocimiento científico. (la ciencia es distinta y superior a otras formas de conocimiento).

 

Con estos puntos de vista nos enfrentamos a la crisis ambiental, el diagnóstico se hace desde esta perspectiva mecanicista sin considerar seriamente la posibilidad de modificar el conjunto de hipótesis del modelo de desarrollo en el que nos movemos, incluida la referencia al papel de la ciencia y de la técnica en la sociedad, por lo que difícilmente puede hacerse un diagnóstico ajustado de la crisis medioambiental y mucho menos entrever una alternativa a dicho modelo de desarrollo que no sea la de parchear y corregir los efectos nocivos que se están produciendo. Para Nicolás Sosa (1990), la crisis ecológica es una crisis civilizatoria: la degradación del medio natural y la degradación del medio social son dos manifestaciones del mismo problema.

 

Desde el principio se ha intentado comprender la realidad analizando los elementos presentes en ella, a través de un enfoque aditivo de la organización del mundo. Ahora se trata de dar un cambio de perspectiva, comprendiendo el mundo  a partir del análisis de las interacciones presentes entre los elementos que lo constituyen y de cómo dichas interacciones generan organizaciones complejas. Un estudio como suma de componentes puede servir para describirlo, pero no para entenderlo.

 

Para ilustrarlo podemos tomar como ejemplo la nutrición. Existen informaciones exhaustivas sobre el aparato digestivo, el aparato circulatorio, el excretor o el respiratorio, así como sobre el proceso digestivo, pero solemos quedarnos parados ante la siguiente pregunta: ¿un dedo, come pinchos de tortilla?

 

Entenderemos bien la nutrición cuando seamos capaces de comprender el funcionamiento de todos los aparatos en conjunto, las relaciones e interacciones que se establecen entre ellos, es decir, cuando seamos capaces de explicar qué le sucede al pincho de tortilla cuando entra en nuestro cuerpo, qué camino sigue, como se va transformando, que nos aporta, qué se queda en el cuerpo y cómo, qué es lo que sale y por dónde. Esto es lo que conocemos como una visión sistémica de la nutrición. Asimismo, será necesario acceder a este tipo de visión si queremos comprender como funciona el mundo.

 

Enseñar es un arte, por José Ignacio Flor Pérez

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