La Universidad de Cantabria se encuentra en uno de los momentos más dulces desde su creación en 1972. Acaba de convertirse, gracias al proyecto Cantabria Campus Internacional articulado con la UIMP y muchas instituciones y agentes sociales de la comunidad, en uno de los nueve campus españoles (recordemos que hay unas 70 universidades en España, es decir, que la UC está dentro de un privilegiado 12%) financiados para ser competitivos en Europa con una gran transformación. Además del CCI, la UC lleva nueve meses pilotando la Conferencia de Rectores (CRUE), siendo interlocutora de grandes procesos nacionales e internacionales, tanto las reformas educativas y los planes de I+D+i, como las redes interuniversitarias, como Universia. En ese contexto, ha realizado también una contribución importante con el libro Universidad, Sociedad y Territorio, coordinado por el profesor Pedro Reques, para la planificación estratégica de la enseñanza superior en España, tomando para ello también el referente de las experiencias extranjeras. La presentación en Madrid de esta obra colectiva, con asistencia del ministro Gabilondo y del presidente del Santander, Emilio Botín, es una imagen bien indicativa de la repercusión alcanzada. Colofón a toda esta evolución de la UC ha sido la concesión, por unanimidad de los tres grupos parlamentarios, de la Medalla de Oro de Cantabria, como reconocimiento a la contribución universitaria al desarrollo de la autonomía y a la igualdad de oportunidades educativas en nuestra región.
Estos sentimientos han sido sintetizados por el Rector, en un intervalo de pocos días, en su speech de agradecimiento en el Parlamento cántabro y en su discurso de la fiesta de Santo Tomás. En ambos casos, ha animado a mantener la unidad social y política en torno a la Región de Conocimiento, y a su herramienta metodológica, el Plan Estratégico del CCI, y asimismo a mantener la apuesta económica por la inversión en conocimiento como clave de la transición a un nuevo modelo productivo. En ambas ceremonias, la presencia masiva de público y el contenido de los mensajes oficiales fueron realmente notables. Y es que la UC y su proyección se han convertido últimamente en una de las pocas fuentes de noticias positivas y esperanzadoras para Cantabria. El presente es de oro. ¿Cómo será el futuro? En todo caso, el futuro por el que se puede trabajar, planificar y apostar.
El mandato de Gutiérrez-Solana como rector de la UC finaliza en enero de 2012 y es estatutariamente improrrogable, porque se trata ya de una segunda etapa y no se puede acudir a la tercera elección consecutiva. Hay, pues, dos años para poner en marcha todo el andamiaje del CCI, culminar las reformas de Bolonia y dejar una estructura con una inercia de funcionamiento y gestión que garantice que, bajo cualquier condición futura de equipo rectoral, lo sustancial sigue trabajando por sí mismo. La retirada del rector significará también que la UC dejará de estar en la Presidencia de la CRUE, pues lógicamente su presidente ha de ser rector. Así pues, la universidad cántabra tiene 24 meses antes de que su presencia social, nacional e internacional vinculada a los años de gestión de Gutiérrez-Solana experimente un cambio brusco con otro rector o rectora. Hay, por tanto, 24 meses para conseguir que todos los participantes en el CCI cumplan los compromisos documentados en el Plan Estratégico -no sólo los económicos, pero muy fundamentalmente éstos- y que emerja una estructura administrativa capaz de dar soporte a un gran campus europeo, no sólo a una pequeña universidad de calidad en una comunidad autónoma limitada.
El tiempo disponible para una gestión homogénea parece, pues, un poco ajustado. El plazo no es ni corto ni largo, y muestra todas las ventajas e inconvenientes de un plazo medio: da tiempo a mucho, pero no da tiempo a todo. Por eso el concepto fundamental ahora mismo para la Región de Conocimiento es el de ritmo, el de velocidad, el de agilidad. Esto interesa, además, por una segunda variable, que es el rápido deterioro de la economía española y cántabra, que no proporciona un entorno idóneo a las universidades en general. Muchos se preguntan de si entre los 50.000 millones de euros que recortará la tijera de la diputada socialista por Cantabria y ministra de Economía, Elena Salgado, más los que ha prometido, ante los inversores de la City londinense, recortar si es preciso, hay muchos que se refieran al gasto universitario. La sorpresa de la rebaja de la I+D+i en el presupuesto nacional para 2010 fue mayúscula y provocó airadas reacciones. Pero la cosa podría ponerse peor cuando el Gobierno decida ponerse de verdad a solucionar un problema que se llama “déficit público del 12%” y que amenaza con hacernos sacar del armario el diccionario de griego.
En consecuencia, hay más de una razón para pensar que la UC puede tener éxito en los ambiciosos planes emprendidos, pero también hay más de un motivo para considerar que el ritmo de transformación es un parámetro decisivo en este caso. Cuando un Nobel como Paul Krugman nos predice años de deflación y de alta tasa de paro, sería irresponsable mirar hacia otro lado. Todo, menos dormirse en los laureles.
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