A mí me apasiona el guionista y escritor Neil Gaiman. No diré que le considere un dios de estos noveles de los que hablamos, exageraría bastante, pero sí que ha resuelto muchas tardes y noches de hastío, y eso... permitidme que os diga, es casi divino. Y es esa sustancia mística la que me fastidia enormemente que se pierda en las calles del Olimpo. Al igual que los antiguos dioses, los nuevos también tienen un poder limitado y, ni siquiera ellos, tienen la fuerza suficiente como para hacer todas las cosas bien. Gaiman se dio a conocer por una de las series más espectaculares del universo del noveno arte. "Sandman" marcó una época dorada de la que el cómic británico aún no se ha bajado.
Gaiman tocó el cielo y se aposentó en él. Y lo que podía haber sido un faro para los amantes de este arte se ha convertido en un desdibujado querubín que no ha vuelto a lucir con la misma brillantez. Trabajos con un acabado irregular han seguido a su obra maestra. Hoy me quiero detener en la serie "Eternos" que ha publicado junto al dibujante John Romita JR y que muestra una de sus horas más bajas.
Al leer el título de la misma pensé que me iba a enfrentar a nueva obra de arte. ETERNOS y por Neil Gaiman. Imaginé mundos dominados por dioses que peleaban entre sí para el dominio de la humanidad. Corrí a mi tienda habitual compré la primera entrega y, en cuanto leí las dos primeras viñetas, me di cuenta de que algo no marchaba bien. La idea no era mala del todo pero el argumento tenía un aspecto rancio. Con el paso de las páginas me di cuenta de que la calidad brillaba por su ausencia. Vamos, mala... muy mala. El dibujo está bien, y quizá sea lo único que merezca la pena. Y a pesar de darme cuenta de que el esfuerzo realizado por el escritor ha sido grande el resultado no va a convertirle en un escritor eterno. Pena, rabia y hasta la próxima.
Luis Miguel Artabe