“Hay mucha violencia inútil que se debe únicamente a la incompetencia comunicativa”
19 MAR 09
ENTREVISTA CON GERARDO BOLADO, PROFESOR-TUTOR DE LA UNED EN CANTABRIA Y DOCENTE EN EL IES PEÑACASTILLO
La última cita del ciclo '¿Qué Filosofía se hace en Cantabria?' de SoCfía acogió la intervención del profesor Gerardo Bolado, que ejerce actualmente suprofesión en el IES Peñacastillo y en el Centro de la UNED en Cantabria. Sin embargo, ambas actividades aún le dejan tiempo para involucrarse en proyectos como la edición de la Revista Iberoamericana de Argumentación, tema del que se define como un "apasionado" y así se lo trasladó a los asistentes a su conferencia La reconstrucción de una disciplina clásica: La Teoría de la Argumentación
PREGUNTA.- ¿Qué le vincula a la Sociedad Cántabra de Filosofía (SoCfía)?
RESPUESTA.- Conozco prácticamente a todos los miembros de SoCfia. Son compañeros y muchos de ellos amigos. Por mi vinculación personal y mi confianza en este proyecto, me convertí en un miembro más de esta sociedad, que me parece un proyecto joven y necesario para la vida cultural y educativa de nuestra región.
P.- Desarrolla su labor profesional en el IES Peñacastillo y en la UNED. Además ahora está inmerso en la Revista Iberoamericana de Argumentación y colabora con SoCfía. ¿Le sobra tiempo para algo más?
R.- Mi labor investigadora y mis publicaciones se centran en la Historia de la Filosofía en España. Esta actividad me ha llevado a formar parte de la Junta Rectora de la Real Sociedad Menéndez Pelayo y a colaborar en la actividad cultural que se desarrolla para conseguir que Santander sea Capital Europea en el 2016. Mis trabajos los he desarrollado en colaboración con el Seminario de Historia de la Filosofía Española e Iberoamericana de la Universidad de Salamanca, mi alma mater, y con la Asociación de Hispanismo Filosófico.
P.- Con tanta actividad, ¿qué le motivo a unirse a SoCfía?
R.- Sobre todo porque es un proyecto joven y necesario que sin duda irá calando en nuestra sociedad. Por lo demás, soy un profesor de Filosofía, un miembro más de este colectivo que necesita estar unido para ofrecer una perspectiva mucho más enriquecedora de la Filosofía.
P.- Vuestro objetivo, entonces, ¿será una apuesta por la Filosofía?
R.- Sin duda. Creo que todos nosotros queremos que la Filosofía desempeñe la función cultural y educativa que la corresponde. Aspiramos a que nuestra actividad sea enriquecedora en el sistema educativo y en la sociedad cántabra. Sin embargo, corren tiempos en los que la Filosofía a duras penas logra mantener su lugar en el sistema educativo. Tengo la impresión de que se la valora poco, de que late cierto escepticismo ante su valor cultural y su función educativa. El cientismo y la mentalidad positivista y utilitaria tienen mucho que ver en esto. Pero los que nos dedicamos a estudiar las teorías filosóficas y a enseñarlas sabemos que esta materia es fundamental en la cultura occidental y estamos obligados a transmitirla. Tendremos que trabajar con intensidad para que no se produzca una merma.
P.- Y en pro de favorecer esta puesta en valor de la Filosofía, usted ha participado hace unos días en el ciclo que SoCfía desarrolla en el Centro Asociado de la UNED. Su intervención se centró en la Teoría de la Argumentación, ¿por qué eligió precisamente este tema?
R.- Elegí precisamente la Teoría de la Argumentación porque es un tema en el que llevo trabajando desde hace años y, la verdad, es que me apasiona. Creo que una de las tendencias filosóficas más importantes de la segunda mitad del Siglo XX ha sido un cierto renacer de la dialéctica de tradición platónico-aristotélica, tal vez debido a las limitaciones de la lógica científica de carácter analítico deductivo y al abandono de la dialéctica de tradición idealista.
P.- ¿A qué se refiere con deficiencias de la lógica científica?
R.- Pienso en la insuficiencia que demuestra a la hora de fundamentar la racionalidad del derecho o el discurso de la filosofía moral y política. La lógica de las normas, la Lógica Deóntica, sólo ha conseguido resultados parciales. A mi juicio, la lógica científica se queda corta también en otras cuestiones, por ejemplo a la hora de construir el individuo racional de las Ciencias Sociales. La racionalidad de la acción humana no siempre puede basarse en procedimientos de decisión racional o de teoría de juegos, sino que tiene que acudir a procedimientos argumentativos o dialógicos no reducibles a la lógica científica. Pero además de las limitaciones de ésta, percibidas ya desde mediados del siglo XX por autores como Perelman o Toulmin, entre otros, se constató también el agotamiento de la dialéctica de tradición hegeliano-marxista.
P.- ¿Cómo suplieron sus deficiencias la lógica científica y la dialéctica idealista?
R.- La ontologización idealista de la dialéctica, por lo menos en España, se agotó en los años 70, al ponerse de manifiesto la imposibilidad de formalizar su tipo específico de negación. La dejaron de lado los lógicos, que formaban uno de los grupos más influyentes en la institución filosófica de la Transición. Por otra parte, aunque la Lógica científica, la Lógica sin más, está en continuo desarrollo, siempre deja un residuo de Lógica informal, de carácter dialéctico y retórico, que ha de ser atendido. Éste es precisamente el objeto de la Teoría de la Argumentación. Ésta se alimenta actualmente de los desarrollos de la tendencia neoaristotélica, a la que me refería al principio. Pienso en la corriente neoretórica que parte de la obra de Chaim Perelman. O en desarrollos neodialécticos, que parten de la Informal Logic anglosajona, o del nuevo enfoque dado al estudio de los tópicos y de las falacias, por ejemplo por Douglas Walton, desde la obra Fallacies de Hamblin, o del Critical Thinking, o a la Pragmadialéctica de van Eemeren, etc. La bibliografía en este campo ha crecido mucho desde los años ochenta. La institución filosófica en España ha empezado a prestar atención a estos estudios en los años noventa del Siglo XX.
P.- ¿Hacia dónde se encaminaron estas tendencias?
R.- Intentan dar una base teórica y racional a los procedimientos informales de argumentación y diálogo. Estos procedimientos de carácter no analítico-deductivo, no científico, recibieron ya un tratamiento sistemático en Aristóteles. Estos autores y estas corrientes han logrado algo muy difícil de hacer, han revitalizado la Retórica, los Tópicos y los Elencos sofísticos de Aristóteles. El mérito está en haberlos adaptado a las exigencias de la comunicación y de la tecnología contemporánea. Por ejemplo, desarrollan programas informáticos que permiten representar y, hasta donde es posible, formalizar los procedimientos argumentativos.
P.- La dialéctica dio paso a la argumentación y ésta ha permanecido hasta la actualidad ¿podría explicarnos por qué?
R.- El abandono de esta versión idealista, nos ha devuelto a una versión de la dialéctica como lógica de la vida cotidiana, es decir de la práctica argumentativa y dialógica de las personas en la cotidianeidad. Las corrientes neodialécticas y neorretóricas alimentan el cauce de una nueva disciplina que se ha venido trabajando en la Universidad española desde principios de la década con nombres como Argumentación y Teoría del Discurso. La argumentación es fundamental para la vida social y ciudadana. Hay demasiada violencia inútil que únicamente se debe a la incompetencia comunicativa. Esto tiene lugar muchas veces porque no somos capaces de encontrar nuestros argumentos o de escuchar los del otro.
P.- Cuando habla de violencia, ¿a qué tipo se refiere?
R.- La violencia inútil a la que aludía antes, está referida a los conflictos que surgen día a día en el ámbito familiar, escolar o, incluso, en la empresa o entre ciudadanos. Y también en la diplomacia. Esta violencia se produce porque las partes no son capaces de resolver los conflictos a través del debate o de la negociación. Hay que aprender a discutir críticamente, sin derivar en la erística, en las descalificaciones y los sofismas.
P.- En su opinión, ¿cómo se llevaría con éxito una buena discusión?
R.- Desde luego, las partes tienen que pretender el sentido pragmático de todo tipo de diálogo, que es algún tipo de acuerdo. Pero también tienen que ser competentes en una serie de procedimientos, como el análisis y la evaluación de argumentos, la construcción de argumentaciones, la negociación, la discusión crítica, etc. Ésta última, por ejemplo, sus reglas pragmáticas y las maniobras estratégicas en ella, han sido estudiadas por la Pragmadialéctica de Van Eemeren, Presidente de la International Society for the Study of Argumentation. La competencia argumentativa es básica para la racionalidad de la acción social y ciudadana. Educando en esta competencia se evitaría mucha violencia social inútil.
P.- Para discutir bien, entonces ¿hay que aprender?
R.- Desde luego. Sabemos por la Psicología que la disposición para el pensamiento abstracto y el razonamiento formal se desarrolla entre los 12 y los 15 años. Pero esto no quiere decir que argumentar y dialogar sean habilidades naturales. De hecho los adolescentes tienden a una serie de falacias del apredizaje, debidas a su falta de competencia argumentativa. Argumentar y dialogar son comportamientos aprendidos, que la educación no puede dejar de lado. Se trataría de desarrollar las habilidades o capacidades desde las disposiciones cognitivas naturales. Estoy convencido de que ésta es una contribución importante de los profesores de Filosofía al sistema educativo.
P.- Y ¿cómo sería posible?
R.- Creo que los profesores de Filosofía podemos contribuir a la educación de esa competencia de diversas maneras. En mi conferencia, por ejemplo, propuse ofertar a nuestros alumnos de 4ª de la ESO un taller de argumentación y diálogo en el que se analicen y evalúen textos, en el que aprendan a participar en una discusión crítica o a construir un texto argumentativo. También sugerí introducir una Unidad Didáctica introductoria en la materia Filosofía y ciudadanía de Primero de Bachiller, en la que se trabajarían esas habilidades.
Foto: Joaquín Gómez Sastre