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Universidad de Cantabria.
El Tiempo Editoriales

Presente Mítico

Títulos a la boloñesa

11 MAY 09
Las protestas contra el proceso de implantación del Espacio Europeo de Educación Superior han convertido a Bolonia en algo que no era: un mito. Es desde luego un mito negativo: los demonios boloñeses impedirán estudiar a los alumnos pobres, permitirán a los taimados profesores sobrecargar de trabajos a los sufridos graduantes, convertirán a los capitalistas locales en rectores virtuales de las universidades, y orientarán la vida educativa hacia la formación de robots eficaces y obedientes en el sistema económico exprimidor. El mito de la Bolonia infernal nos representa las escenas de la defunción del pensamiento crítico, de los ideales de igualdad de oportunidades y de la autonomía universitaria. R.I.P.
Esta horrible ‘cosa’ se extiende como una epidemia por casi 50 países del Viejo Continente, y debe de pillar a todo el mundo durmiendo, porque sólo en España protestamos en condiciones, lo que demuestra que somos los más listos. Sólo nosotros estábamos vigilantes ante la agresión del monstruo.
Con esta imagen pictórica tan sublime, que diría Kant, la economía del pensamiento y el debate público consigue la eficacia de la difusión a un coste muy alto: impedir el análisis no mítico del EEES. Efectivamente, toda reforma tiene puntos oscuros, incertidumbres y requiere ajustes. Pero precisamente la manera de no abordarlos es simplificar la cuestión con un mito negativo y dedicarse a zarandear el muñeco. Si hay algo que echar en cara a las autoridades y a la inmensa mayoría que está a favor del cambio, es el no haber sabido convertir Bolonia en un mito bueno, en un horizonte utópico, o incluso en haberle buscado una representación visual agradable, como ataño los pintores y escultures clásicos representaban bellas figuras humanas alegóricas de la Abundancia, la Fortuna, la Justicia o el Amor.
La diosa Bolonia, o la ninfa Bolonia, o la musa Bolonia, o la heroína Bolonia con una bandera como la de Delacroix, o Santa Bolonia, vendrían muy bien para los momentos en que la discusión se pone simplista y taekwondista en lo dialéctico. Si encima lo arregla el gobierno progresista catalán aporreando a los manifestantes, pues ya la celebración mítica es completa, porque la figura que adquiere Bolonia es la de un mosso de esquadra porra en mano y con casco de ir a por uvas. Peor imposible.
Todo esto ocurre en buena medida porque la ministra del ramo, que ya no tiene esta parte del ramo, ha estado tocando el violín con dos tubos de ensayo, pensando que seríamos la repera en ciencia y tecnología con independencia de si somos la repera en la bolonización. Pues va a ser que no. Los títulos a la boloñesa, que sustituyen a los títulos a la carbonara, son indispensables como formadores de los científicos de la siguiente generación, que será la que se desenvuelva ya en pie de cierta igualdad con la élite de los países avanzados que lleva gafas de montura gruesa y tiene pizarras que ocupan toda la pared. Y además van todos en bici por el campus, y cada año les caen unos cuantos Premios Nobel para complementar sus ingresos y que se compren otra bici.
Los títulos a la boloñesa son necesarios para que no haya tanto fracaso estudiantil en abandono de carreras y en tardanza en terminarlas, porque eso, además de desperdiciar el tiempo de una persona en lo mejor de su vida, le sale por un ojo de la cara no a su familia, que paga un 10% del coste total, sino al contribuyente, pagano del otro 90% de la fiesta. Los títulos a la boloñesa son necesarios para que el joven graduado no aterrice en el mundo laboral como un pulpo en un garaje; para que él o ella no tropiecen con la imposibilidad metafisica de ejercer ‘de lo suyo’ en otros país europeos donde pagan más, se vive mejor o las pizzas no están tan chamuscadas.
Los títulos a la boloñesa son obligatorios para erradicar de la comunicación superior el formato medieval del monólogo, y su formato correspondiente, la grabadora humana. También para erradicar la falta de implicación de unos y otros: el yo no voy a clase y el tú verás lo que haces en el examen. La educación no es eso. Se tiene que notar que ambas partes están voluntaria y libremente donde están.
Y Bolonia obliga a la maquinaria a ser flexible, ágil y respetuosa del ideal de calidad. Lo que le falta es eso: una estatua, un mito, una Sofía Loren, una Cibeles.
JLF

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