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Presente Mítico

El mito de Suiza

08 DIC 09

Conmoción ha causado en toda Europa el hecho electoral de una de las democracias más directas y libres del mundo, en la que conviven pacíficamente los idiomas alemán, francés, romanche e italiano. Un 57% de votantes suizos ha apoyado la prohibición de que las mezquitas sean acompañadas por las torres cilindro-cónicas de los minaretes. Las clases políticamente correctas se han apresurado a lamentar la decisión y a darse golpes en el pecho por no haber realizado una mejor campaña en el referédum, frente a la simplificación y apelación al miedo ejercitada por los promotores de la prohibición arquitectónica.


En el coro de lamentos hay que incluir a los obispos católicos de Suiza, que han deplorado esta votación, y a los banqueros, empresarios y demás gente de la vida económica, que teme importantes represalias financieras de trasfondo religioso.
Pero los suizos han votado en el secreto de las urnas, y ahí han expresado sus temores y con ello han deshecho el mito de la pacífica, multicultural y tolerante confederación de quesos, relojes, chocolates y cuentas numeradas.
Se ha ido aquí mucho más allá de una mera distinción urbanística, que hubiera sido comprensible: lo mismo que en un conjunto histórico no se puede poner ni una antena de televisión, tampoco se podría elevar un minarete. Pero, como decimos, todo va más a allá del tema de la protección del patrimonio histórico. Se trata de que no quieren ver minaretes ni en el más triste barrio. ¿Tienen razón, aparte de tener miedo?
Europa ha recibido cientos de miles de musulmanes en las últimas décadas, en parte por dinámicas post-coloniales y en parte por dinámicas de pura migración laboral -como los turcos en Alemania y Suiza, los pakistaníes en Gran Bretaña, los argelinos en Francialos marroquíes en España y Francia-. Es una mano de obra intensivamente aprovechada. Pero no vienen sólo cuerpos funcionales para el sistema económico, sino también seres humanos con su lengua, su cultura, sus creencias, su modo de ver las cosas. Es verdad que son ellos los que vienen, y por tanto deben hacer el esfuerzo de adaptarse al destino. Ir a casa del vecino a decirle cómo tiene que organizarse no es de buen tono en ninguna civilización conocida en este planeta. Sin embargo, si no nos gusta que tengan un religión, un idioma propio, una gastronomía especial o una forma de vestir particular, ¿para qué les dio Europa facilidades de acogida?
Muchas personas que viven en Europa son de religión musulmana, y la carta de derechos humanos dice que nadie debe ser discriminado por sus creencias religiosas.
Los suizos no se han dado cuenta de que, al invitar a su país a españoles, portugueses y turcos, empezaría a haber nuevas maneras de ser ciudadano suizo. Una identidad que se siente tan amenazada por los alminares es sin duda una identidad por un lado muy frágil, y por otro lado muy poco inclusiva.
En cambio, Suiza no tiene ningún problema con las creencias religiosas de los que vienen a abrir cuentas en sus bancos, invertir en sus empresas, gastar millonadas en estaciones de esquí de alto standing, etcétera. Ahí, aunque el usuario sea el más cejijunto ayatolá de las estepas euroasiáticas, alfombra roja y Vive La Suisse. En cambio, si es un obrero turco que quiere que su mezquita tenga minarete, como la iglesia tiene campanario, vade retro.
El resultado del referédum helvético es muy llamativo. Según la cancillería suiza, el voto Gegen  den Bau von Minaretten (Contra la construcción de minaretes) fue de más del 60% en 14 de los 27 cantones, entre ellos Lucerna y Berna. Pero también hubo más del 50% en Zürich y en los Grisones (Graubünden). En total, fueron 1,53 millones de suizos contra otros 1,13 millones que pensaban lo contrario. Los pocos cantones que rechazaron la prohibición de los minaretes fueron: Basilea Ciudad, Vaud, Neuchâtel y Ginebra, a veces por los pelos. Asimismo, los suizos rechazaron por 68% contra 32% la prohibición de exportar material de guerra.
La cancillería helvética se ha puesto las pilas y ha colgado un comunicado en árabe en su página web oficial, para contrarrestar posibles manipulaciones. Un pequeño dique contra el presente mítico: no el mito islámico, sino el suizo. Suiza tiene miedo y predomina la sociología de Pareto, que allí enseñó.
JLF

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