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La Universidad de la Vida

Un Museo activo y participativo

19 MAR 10

El museo que propongo comenzó a esbozarse con La Cabaña de la Ciencia –Proyecto ANIDA- (1983), pasó a la fase de Museo de la Ciencia, luego Museo del Medio Ambiente y por fin hace unos años a Museo del Conocimiento, palabra hoy día muy manida, por lo que dejamos a parte el nombre, que lo único que pretendía mostrar es su concepción global en cuanto a abarcar  contenidos de diferentes áreas del saber.

Lo importante de este museo, del que Santander podría presumir, no es el nombre, ni el continente, ni casi tan siquiera el contenido; lo que debe diferenciarle de los demás, conferirle una característica de calidad, es la organización de la visita, lo que se pretende conseguir, la interacción con los visitantes, la concepción y distribución de la información. Como oí a Arturo Bravo, -Las Matemáticas son para soñar-, citando a José Bergamín: “quien solo busca la salida no entiende el laberinto y aunque la encuentre saldrá sin haberlo entendido”.

 

 El Museo debe romper con todo tipo de museos conocidos hasta ahora, en el sentido de que debe ser activo y participativo, pero de una manera inteligente. Los visitantes para conocer el museo tendrán que participar, involucrarse, tomar decisiones y jugar.

 

El Museo debe ser dinámico y convertirse en un lugar de innovación e investigación constante, tanto sobre los diferentes temas como sobre cómo se produce el aprendizaje de los mismos

 

Es necesario, pues, confeccionar otra manera de visita al Museo. No puede haber letreros explicativos al uso, pues la mayoría de las personas comienzan a leerlos, dejándolo enseguida y comenzando a tocar botones sin mayor reflexión, ni modificación de sus conocimientos.

 

El museo debe ser dinámico, ir cambiando con el tiempo

 

El museo debe facilitar el paso de un conocimiento cotidiano simple, de relación causa efecto a una visión sistémica y compleja del funcionamiento del mundo. Es decir, el abandono del paradigma mecanicista y de la simplificación hacia el paradigma de la complejidad.

 

Por otra parte, es importante que después de una visita al museo, las personas salgan con el sentimiento de ser inteligentes, de haber tenido algo que decir, utilizando la cabeza, de haber descubierto un amplio campo de actividades atrayentes y sugestivas y de habérselo pasado bien pensando, producir en ellos un gozo intelectual.

 

Si se visitan los diferentes Museos de la Ciencia, considerados los más participativos, se obtiene enseguida una amplia decepción, no plasman en la realidad los presupuestos teóricos para los que se dice fueron diseñados.

 

Todos estamos de acuerdo con Jorge Wagensberg –Museo de la Ciencia de Barcelona- en que los museos no deben estar hechos para ser visitados, sino para ser usados, igual que nadie dice: - no voy a la playa porque ya la he visto. Un museo, comenta también Wagensberg, se debe valorar por los kilos de conversación que genera.

 

Todo ello está muy bien, pero hay que conseguirlo y unos fallan por apostar por el “Continente” haciendo un edificio grandioso que obtiene beneficios turísticos pero no cumple los requisitos del mueso. Otros organizan talleres expositivos contratando a personas no vinculadas con el equipo y que pese a su buena voluntad no transmiten esa ilusión por conocer los temas que allí se tratan. Es decir, hay que buscar primeros espadas para hacerlo funcionar, es preciso dedicar más presupuesto al funcionamiento que a su construcción.

 

El museo debe de sentirse vivo, cambiante y ser un centro de referencia para la producción de nuevos saberes, para ello debe producir materiales de todo tipo y estar en la avanzadilla de las investigaciones e innovaciones didácticas.

 

En este museo propondría una amplia sala, donde los visitantes pudieran construir sus propios aparatos y llevárselos, en vez de comprar en una tienda recuerdos que no aportan ninguna modificación en su conocimiento.

 

Así podremos plasmar que “la ciencia no es magia, aunque la magia cada vez utiliza más la ciencia”

 

Enseñar es un arte, por José Ignacio Flor Pérez

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IC Gabinete de Comunicación EuroCastalia