Crisis, financiación y empleo, fueron las tres palabras, probablemente, más repetidas en los discursos que se pronunciaron en la apertura del curso académico 2011/2012. La Universidad de Cantabria se convirtió en el foco de atención de toda la universidad española al ser la institución elegida para acoger la ceremonia oficial, un acto presidido por su Alteza Real el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, quién estuvo acompañado por el ministro de Educación, Ángel Gabilondo; el rector de la UC y presidente de la CRUE, Federico Gutiérrez-Solana; el presidente del Gobierno de Cantabria, Ignacio Diego; y diversas autoridades del ámbito académico, político y social.
No faltó nadie, más de 300 personas se congregaron en el salón de actos de la Facultad de Derecho para escuchar las primeras palabras que se han pronunciado para dar por inaugurado el curso. No muy esperanzadoras, por cierto, ya que las intervenciones se centraron en hablar de la complejidad de los tiempos en los que estamos, la austeridad y el desempleo juvenil así como en el papel y el ejercicio de responsabilidad que habrán de hacer las universidades en pro de un nuevo modelo productivo basado en el conocimiento. Gutiérrez-Solana alentó a que España se sume a la iniciativa ya iniciada por Cantabria como “la herramienta adecuada para conquistar un futuro mejor”.
Y del deseo de un “futuro mejor” de Gutiérrez-Solana a un presente en el que se ha abierto un intenso debate social por la financiación de la Educación. Un debate, en palabras de Ignacio Diego, “teñido de electoralismo en el sentido más peyorativo de la palabra” ya que “en una situación excepcional” como la que se está viviendo con la crisis “pueden parecer imprudentes las manifestaciones de personas representativas en el mundo educativo, afirmando que los recortes que sufren las universidades, denotan una falta de visión estratégica por parte de las administraciones públicas”. El presidente manifestó su voluntad y compromiso con la Universidad de Cantabria a la que, a cambio, le pidió que “sean ellos mismos quienes decidan como adecuar su presupuesto a los objetivos que de forma ineludible hemos de cumplir” ya que de no ser así, “la sociedad no entendería que desde la universidad no se hiciera un gran ejercicio de optimización del gasto, trantando de hacer más con menos”. Un esfuerzo que también puede ir parejo a situar a Santander en el mapa mundial académico ya que, según apuntó el presidente de Cantabria, “tenemos gente con visión, talante y empuje”.
Por su parte, el ministro de Educación reconoció sentir “alguna preocupación” en relación a los recursos que se reclaman para la Universidad y recalcó que “sigue siendo imprescindible un pacto social y político por la educación y más pronto que tarde se mostrará su carácter ineludible” ya que “es una absoluta prioridad”. Asimismo, Gabilondo hizo un llamamiento a las administraciones autonómicas “a fin de hacer ajustes con prioridades y estrategias que entiendan que la educación, que la educación superior también no ha de recortarse”.
Y del debate por la financiación universitaria, las autoridades dieron paso a un turno de despedidas. Aunque parezca una incongruencia que, en un acto de inauguración haya algo de última, Gabilondo no desaprovechó la ocasión para recordar que está a punto de finalizar su mandato y, entre líneas, dejar caer que están próximas las elecciones generales. Asimismo, el ministro lejos de despedirse del rector, que también finaliza su mandato este año, le animó a proseguir de otro modo en pro de la Universidad: “necesitamos comprometernos en los asuntos públicos y proceder con dimensión social”. A las despedidas de Gabilondo se sumó su Alteza Real quien, para terminar su discurso, tuvo una dedicatoria especial para Gutiérrez-Solana y el ministro de Educación a los que agradeció su dedicación y les deseó lo mejor.
En definitiva, la inauguración del curso académico 2011/2012 ha sido el principio del fin, el término de los mandatos del ministro de Educación y del rector de la UC y presidente de la CRUE. El principio de rendir cuentas ante una sociedad que vive en sus carnes los efectos de la crisis que ansía que llegue al final gracias a la Universidad y a través de la transferencia del conocimiento. Por esta razón, se presenta un curso en el que se cierra una etapa centrada en la docencia y en cómo habrán de ingeniárselas las universidades para adaptarse al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Se abre así una nueva etapa en la que las instituciones de educación superior habrán de hacer una apuesta clara por su territorio y reflotar España con uno de sus principales activos: el conocimiento.
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