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Universidad de Cantabria.
El Tiempo Editoriales

La Universidad de la Vida

El comustemande

08 DIC 11

Por Francisco Ruiz Purón

Les puedo asegurar a ustedes, que el hecho de que se hayan celebrado elecciones en el imperio, con vistas a poder arreglar las averías que padece esta España cañí y la otra también, nada tiene que ver con la cosa esta de que a uno se le haya podido ocurrir el traer a la palestra de las páginas de "El Gallo", la semblanza de este trashumante que suele darse con bastante asiduidad en el campo de la política precisamente. Este individuo o individua que, con eso de la igualdad, de todo hay, es una especie de híbrido nacido de la fusión entre el aprovechamiento de la estupidez y papanatismo que a él mismo le caracterizan y la picardía y el desahogo propio de aquel que le explota para aprovechamiento propio, eso si, previo el pago de un estipendio abundante y esplendoroso, casi siempre salido de las arcas del erario público. Aunque se reproduce en toda clase de estrato o capa social, suele desarrollarse y vegetar preferentemente en el mundo de la política como ya decíamos antes, cosa que no es muy de extrañar pues sabido es que en ese campo, cabe de todo.

El Comustemande, por sí mismo, es incapaz de encajar un mango de madera en una fregona, de no disponer al efecto de un libro de instrucciones para su montaje y, a ser posible, alguien que sea capaz de hacerle entender las indicaciones al respecto. Esta especie de soplagaitas no piensa, no decide, no opina, no soluciona nada. Es incapaz de aconsejar a nadie porque, dada su inutilidad congénita y su servilismo aplastante, jamás se atreve, no ya a contradecir a quien le mangonea; es que ni siquiera insinuará en un momento determinado a su jefe, mandamás o superior a secas, que éste en alguna ocasión pueda haberse equivocado.
El "Comustemande" ni siquiera puede llegar a tener la categoría de "jesusero". Porque el "jesusero" , en función del título que ostenta, cumplirá con su cometido exclamando sin rubor ¡Jesús¡ cuando el mangoneador de turno estornude. Pero el "comustemande", ante semejante situación, optará por guardar un respetuoso silencio y no darse por enterado de tal expulsión de aire por la nariz y la boca de su admirado líder, ya que lo contrario significaría darse por enterado del suceso catarroso y esto sería una ordinariez. Su servilismo le obliga a callar e ignorar el caso, el incidente, podíamos decir.
La ventaja del "comustemande" es que, a condición de que no decida ni siquiera proceder a descascaritar un huevo cocido por iniciativa propia, está casi siempre muy bien pagado por aquel o aquellos que, en un momento determinado, tiran del hilito para que el desvirtuado sujeto o sujeta al que hacemos referencia, igual que el viejo verde del cuplé, al sentir el tirón, levante la patita… y vote lo que le digan aunque generalmente no tenga ni puñetera idea de lo que vota. Este significativo palurdo cuya única finalidad en la vida es comer, roncar y hacer uso a diario del excusado para sus alivios fisiológicos, nadie sabe de dónde viene, ni a dónde va, ni qué hace dentro del ensamblaje social. Su misión consiste en estar allí donde le mandan con el único objetivo de hacer bulto sin preguntarle a nadie porque canta cuando le mandan cantar, baila cuando le mandan bailar, dice lo que le mandan decir o calla cuando le mandan callar. Por iniciativa propia y aunque no venga al caso, lo único que se le permite decir es precisamente eso: ¡¡Comustemande!!
Luego le firman el volante para que le paguen en caja, le mandan a dar una vuelta por las alamedas, cosa que el tipo hace sacando pecho ante la canalla pueblerina, con la obligación de estar siempre a la disposición de su mentor, y cuando sea precisa su presencia para beneficio del que decide lo que ha de interpretar..
Y otra cosa. No hace, que se sepa, nada más. Así se pasa la vida y se gana (es un decir) no precisamente los garbanzos, porque miren por dónde, el "comustemande" suele comer langostinos con más asiduidad que el leguminoso producto en cuestión.
Una de las cosas que causan muchísima gracia, es cuando uno tiene ocasión de comunicarse en privado con el "comustemande". Porque entonces, este realquilado del mundo que, lejos de las consignas que le dan sus mentores, tiene como ya se ha dicho menos imaginación y menos iniciativa que un orinal de plástico, se siente en la obligación de justificar la privilegiada situación que disfruta gracias a su rastrero servilismo. Y entonces pretende realizarse soltando media docena de paridas que se sabe de memoria, en la creencia de que aquellos que le escuchan o le sufren, son rematada y declaradamente imbéciles, lo cual lleva a su interlocutor a verse ante la espantosa disyuntiva de tener que elegir entre dos únicas alternativas: Darse al pitorreo y la chunga más impactantes oyendo a este espantapájaros, o mandar al "comustemande" a hacer el ganso a otra parte. Es de significar que según rigurosos y muy fiables estudios, al final casi siempre se elige la segunda opción por considerarla la más positiva.
Lo verdaderamente triste y lamentable del caso es que, para desgracia de la sociedad, resignada desesperación del pueblerío de infantería e irritación de cierto gentío inteligente, el "comustemande" no es un homínido a extinguir.
¡Qué va! Ni muchísimo menos.
Al contrario, es un majadero, un botarate importantísimo que cada día prolifera más en beneficio de los que chupan del frasco y, astutamente, le tienen a su servicio incondicional.
Y repetimos: Este tipo de garrapata bien con bigote o con tacón alto, está muy poco considerado. Si. Pero, ¡las cosas de la vida!: Suele estar espléndidamente pagado.

La Universidad de la vida. Francisco Ruiz Purón

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