Por sorpresa
01 SEP 05
Editorial de EL GALLO Septiembre 2005.
Uno de los aciertos del Gobierno socialista-regionalista en materia educativa fue la creación de la Dirección General de Universidades e Investigación dentro de la Consejería de Educación. Aunque con cierto retraso, el Ejecutivo cántabro alcanzó a poner en marcha el nuevo departamento colocando a su frente al entonces decano de la Facultad de Ciencias y brillante catedrático de Álgebra, Laureano González Vega.
La tarea que tenía que afrontar la Administración no era, ni mucho menos, rutinaria: negociar un contrato-programa para la UC; encauzar la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior; impulsar la investigación con un Plan Regional de I+D+i; estabilizar a 200 talentos académicos hoy en situación laboral precaria, y ayudar a desarrollar infraestructuras necesarias o convenientes para el campus, por ejemplo el Parque Científico y Tecnológico de Ojaiz o el Proyecto Comillas.
González Vega asumió estos importantísimos retos con una gran ilusión y mucho empuje, como demostró en la larga entrevista que concedió para los lectores de EL GALLO en el número de Abril de este año. Su inesperado cese tan sólo cuatro meses después de haber exhibido tan rotundas esperanzas en los frutos de su gestión es algo muy chocante.
Que se haya vestido el cese como causado por "razones personales", y por el presunto deseo del cesado de regresar a la UC apenas cumplido un año y medio de mandato, es una argumentación más bien débil cuando todas las asignaturas de política universitaria del Gobierno de Cantabria están pendientes de examen. Porque González Vega no se marcha, o le marchan, con una labor cumplida, sino con todo en veremos.
No hay contrato-programa, y si el Presidente del Gobierno, la Vicepresidenta o la Consejera vuelven a prometer dicho documento en el acto formal de inicio del curso 2005-2006, será ya la tercera vez consecutiva que lo anuncian en dicha ceremonia inaugural. (Y la enésima vez si computamos las ocasiones en que lo han mencionado en clausuras y otros actos oficiales). El ardor retórico con que se reclamaba en otras legislaturas la aprobación de un generoso contrato-programa para la UC se ha convertido en más de dos años en lista de espera gubernativa.
No es creíble tampoco que González Vega se haya ido, velis nolis, plenamente satisfecho del Plan Regional de I+D+i, puesto que dicho documento se halla en una fase que no sabemos si calificar de embrionaria o sencillamente de futurológica. No ha habido oportunidad real de coordinar el interés universitario y el potencial de la UC con las directrices de investigación, desarrollo e innovación en Cantabria.
Tampoco sale el Proyecto Comillas, banderín de enganche publicitario de las más altas instancias políticas de Cantabria. El supuesto responsable coordinador, que empezó afirmando que había que "dimensionar" la idea, es decir, recortarla, acabó por tirar públicamente la toalla en lo referente a las negociaciones con Caja Cantabria, propietaria de la Pontificia. Patentes retrasos e indecisiones para un proyecto catalogado como "de Estado", "estrella" o "del siglo". Pocos proyectos "de Estado" estarán tan paralizados como el de Comillas. Por tanto, la ventana que desde el lado humanístico podía permitir a la UC ensanchar su oferta académica hacia el ámbito de la lengua y la cultura no acaba de abrirse. Y esto es tanto más inquietante, cuanto que fue un informe de la propia UC el que dibujó el horizonte de posibilidad del Centro de Estudios Hispánicos de Comillas.
Da manera que tampoco se retira González Vega con la serenidad de haber cumplido una etapa en ayudar a ampliar el territorio de la educación superior en Cantabria mediante grandes proyectos singulares.
Y hay que hablar de Espacio Europeo y de la contrarreforma de la LOU. El primero, asunto de hondo calado que alterará el funcionamiento docente de la universidad española de manera radical, con cambios muy sustanciales en los planes de estudio, las titulaciones, el sistema de créditos y la forma de enseñar. La segunda, empecinamiento del Gobierno central de turno en dejar su huella dactilar sobre la normativa universitaria, pero con potenciales impactos de nuevos cambios para instituciones como la UC. Pues bien, que el primer ocupante histórico de la Dirección General de Universidades de Cantabria haga mutis en el desarrollo de procesos tan cruciales es algo inaudito en una persona razonable. Y, sin embargo, todo el mundo en el campus coincide en que el profesor González Vega es una persona sobresaliente, trabajadora, tenaz, coherente y más que razonable.
Por tanto, la conclusión ineludible es que ha habido una crisis de fondo. ¿Significado real de esta crisis de confianza? Que, más allá de las declaraciones solemnes, e incluso más allá de la voluntad manifiesta de la Consejería de Educación, se produce en relación con la UC una falta de compromiso efectivo por parte del Gobierno cántabro como sujeto político. Hay únicamente el totum revolutum e inconcreto del Plan de Gobernanza, e impulsos individualistas como el comillano, cuya paternidad intelectual fue bien pronto reclamada por un selecto grupo de tertulianos habituales en los veranos de la villa.
Es de esperar que el Gobierno de Cantabria intente calmar pronto la gran inquietud que el cese de González Vega ha causado en la UC. Que esa inquietud derive en acritud no interesa a ninguno de los dos protagonistas institucionales. Contrato-programa, Plan de I+D+i, Comillas y adaptación al EEES son proyectos de Gobierno, más que proyectos de una consejería concreta. Y se inscriben por ello la pregunta sobre cuáles son las prioridades reales del Ejecutivo. El sorpresivo cese ha generado la necesidad de tomarse en serio el horizonte.