Amor eterno hasta 2009
02 OCT 05
Editorial de EL GALLO Octubre 2005
Haciendo bueno el dicho de que no hay mal que por bien no venga, parece que el cese del catedrático Laureano González Vega como director general de Universidades e Investigación del Gobierno de Cantabria, dimisión o destitución que tan malas vibraciones generó en el seno de la UC a principios de septiembre, ha sido paradójicamente una oportuna ocasión para reimpulsar algunas cuestiones cuya solución se venía demorando una y otra vez desde que comenzó la legislatura autonómica en 2003. Entre esas cuestiones, la principal era el contrato-programa, sobre el cual se produjo la buena nueva en la ceremonia de apertura del curso 2005-2005.
Como el Gobierno regional no podía ir por tercera vez consecutiva al Paraninfo a prometer el famoso contrato-programa, pero tampoco lo llevaba ya firmado, lo que hizo el Presidente Revilla fue darlo por hecho, a falta sólo de “la rúbrica”. A su vez, el Rector Gutiérrez-Solana agradeció al Ejecutivo autonómico el apoyo y señaló, con la sutil diplomacia que le es connatural –pero que no excluye la claridad-, que esperaba verlo reflejado en los Presupuestos de Cantabria para 2006 y en lo que vaya sucediendo en relación con asuntos como el Parque Científico y Tecnológico, el Plan Regional de I+D+i, y el Proyecto Comillas.
Para cualquier analista mínimamente informado quedó patente, en dicho acto de inauguración del curso, que las conversaciones desarrolladas tras el cese de González Vega y el nombramiento como nuevo director del profesor Andrés Hoyo –persona que estaba encuadrada en el equipo de gobierno de Gutiérrez-Solana como Director del Servicio de Publicaciones- han servido para encauzar de nuevo las relaciones e incluso pisar un poco más el acelerador de los proyectos. Hay consenso y todos se han jurado amor eterno...hasta 2009.
Así, el cese parece haberse convertido en el catalizador de un mayor compromiso del Gobierno en cuanto a los ritmos de actuación. Buena parte del trabajo de base, ciertamente, ya lo habría realizado el propio González Vega durante su mandato. En cualquier caso, el clima entre la UC y el Gobierno ha pasado a ser como una especie de luna de miel, a juzgar por las emotivas loas y agradecimientos mutuos que resonaron en las paredes del Paraninfo.
Cuando tenga lugar la anunciada rúbrica, habrá que felicitarse por ello, pues el contrato-programa dotará a la UC de un marco estable tanto de financiación como de exigencia social, cosas ambas muy necesarias en la planificación de la educación superior.
Para el Gobierno regional, el contrato-programa prácticamente responde a la pregunta por la justificación de toda una legislatura en política universitaria. Será un patente logro del Ejecutivo. Para el Gobierno universitario, es decir, para el equipo de Gutiérrez-Solana, será también un éxito en la medida en que por fin se consigue aquelllo de lo que se venía hablando desde el año 2001. Es cierto que el actual Gobierno llega con más de dos años de retraso, sin embargo esto puede valorarse estoicamente diciendo que “más vale tarde…”
Esta buena noticia, al tiempo que legítimamente infunde ilusión por el futuro no debería inundar, sin embargo, el ambiente de un optimismo triunfalista. Ninguna rúbrica va a recuperar el tiempo lamentablemente perdido por la Consejería de Industria del señor Pesquera en la ejecución del Parque Científico y Tecnológico. Ninguna rúbrica puede salvar el hecho de que ya han pasado dos años desde que nuestro Presidente anunció el Proyecto Comillas, sin que se puedan vislumbrar todavía ni las dimensiones probables del invento, ni los plazos más razonables, ni la suerte de los inmuebles, ni la articulación real de las entidades públicas y privadas protagonistas, ni nada de nada de lo importante respecto a esta teórica “cuestión de Estado”. Ojalá pronto se despejen esas incertidumbres.
A su vez, cuando se quiera implementar en la práctica un Plan Regional de I+D+i, con sus correspondientes programas y decretos de convocatorias, habrá pasado ya casi toda la legislatura autonómica.
Naturalmente, al espíritu funcionarista –que no funcionarial- y acomodaticio lo mismo le dan cuatro años más que cuatro años menos, pues para ese espíritu el sueldo fijo cae a final de mes sin ningún problema económico ni nubarrón laboral. En cambio, para los jóvenes, para los emprendedores, para las empresas y en general para la región, la diferencia entre una gestión ágil y una lenta es la diferencia entre el arraigo y la emigración, entre cumplir la vocación o conformarse con cualquer apaño, entre seguir convergiendo con Europa o volver a quedar rezagados, entre llevar la iniciativa o ser arrastrados por las circunstancias. No es una diferencia pequeña, y por tanto ha de ser valorada.
La concepción según la cual el tiempo perdido nos sale gratis es un error importante. Le puede salir gratis al político, si hábilmente consigue que se recuerden más sus virtudes que sus defectos, pero en ningún caso le resulta gratis a la sociedad que deja que su horizonte de oportunidades sea aplazado de continuo.
La puesta en marcha del contrato-programa será algo muy positivo para la sociedad cántabra y para su universidad, y también para el Gobierno en la medida que en resuelve un vector estratégico de su programa de gestión. A partir de ahora, el nivel de exigencia se traslada de la programación a la ejecución. Las previsiones deberán cumplirse con la mayor agilidad posible, porque no sólo el contrato-programa es un documento algo tardío, sino que tampoco su entorno de proyectos y planes regionales lleva un velocidad de vértigo, precisamente.