No deja de sorprenderme esta nación, con estatuto o sin él, de Asia. Su cine y su cómic crecen y crecen y, sin poder evitarlo, me llevan a ensoñaciones lejanas y a praderas ocultas cada vez en más ocasiones. Me gusta descubrir detalles de historia o de intrahistoria y me enamoro poco a poco de su manera de narrar, aunque, para ser sinceros, aún disto mucho de compartir su manera de ver el mundo. Creo que todo ha de ser menos serio. Un ejemplo muy bueno para saber de qué estoy hablando es "La época de Botchan". Una espectacular radiografía del final de una manera de pensar milenaria que se produjo durante la era Meiji. La modernidad y el giro hacia occidente, así como la actuación de multitud de personajes famosos de la época sirven de marco para la historia de un escritor que nos descubre los males endémicos de dos maneras de ver el mundo. Toda una recomendación para los que os gusta el cómic de contenido, especialmente por trabajo de su escritor Jiro Taniguchi.
También, aunque muy alejada de la realidad, tenemos este mes la aparición de la serie "Homunculus". Ritmo narrativo japonés puro pero con una trama rica en matices donde un personaje en paro accede a participar en un experimento para recuperar su perdido coche. Mitos médicos medievales, terror y ciencia ficción, se mezclan para deleitarnos con el inicio de una historia que, roguemos a dios, no se estropee con eternas páginas donde no pasa nada, como sucede en series como "Vagabond" de la que simplemente os diré que un combate entre dos personajes llega a durar 600 páginas. Desde luego este no es el caso de la obra de Hideo Yamamoto, donde un trabajo de fondos más amplio de lo normal en Japón nos hace ver que historia y dibujo se juntan para formar una gran serie.
A veces uno tiene la sensación de que solo le leen los amigos, a veces los amigos tienen la sensación de que son los únicos que están obligados a leer las crónicas de cómics que los libreros esconden porque otros géneros venden mucho más. Sin embargo, es una pena que historias como "Homunculus" o "La época de Botchan" se pudran porque cada vez nos obligan más a saborear menos.
Luis Miguel Artabe