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La Universidad de la Vida

La juventud debe interesarse por la política

22 NOV 06
A pesar del bucólico y armonioso espectáculo que nos ofrecen siempre las televisiones de la nación cuando retransmiten un mitin de algún prohombre o promujer (que también las hay), mostrándonos como fondo sobre el que destaca el elocuente personaje, una selección de mozas y mozos en edad más propia de andar en investigaciones sobre los misterios que la vida les va mostrando que en el soporte y aburrido evento que supone escuchar al personaje dicharachero, más o menos creemos nosotros no andar muy lejos de la realidad al asegurar que la mocedad, en general, en relación con eso de la política, anda situada absolutamente al margen y pasa del rollo repetitivo y machacón que para ellos significa esta cuestión, de una manera verdaderamente asombrosa. En principio, si bien se mira y dada la ridiculez del espectáculo al que aludimos, pues la cosa parece hasta normal.
No es cuestión de intentar averiguar aquí y ahora por que a nuestra juventud esto de la política le viene produciendo la misma emoción que la contemplación, por ejemplo, de una fotografía del Pozón de la Dolores impresa en un calendario. El asunto es que la cosa es así y, por otra parte, (y Dios nos libre a nosotros de querer parecer impertinentes y presuntuosos), dar con las verdaderas razones de tal pasotismo, sería algo sencillísimo tanto de encontrar como de entender.
Y sin embargo, nosotros, dada nuestra edad, veteranía y sobre todo, nuestro positivo y optimista sentido de ver la vida, queremos aconsejar a nuestros jóvenes en este sentido del escepticismo político, llevados por dos razones fundamentales: Primera porque consideramos que al adoptar esta aptitud están perdiendo una magnífica oportunidad de pasar el rato totalmente lamentable, lo cual puede derivar hacia un estado de conciencia poco aprovechable. Y segunda porque esto de dar consejos no compromete a nada, le da al aconsejante cierta categoría, así, podíamos decir, como de autoridad intelectual y, sobre todo porque ejercer tal ejercicio es totalmente de balde.
Bien. Digámoslo de una vez. Jóvenes de la patria: Pasar de la política es un craso error. La política es un invento que, una vez considerado el hecho incuestionable de que es también un mal necesario con el que la humanidad está condenada a vivir, además de guarida de trepas, púlpito de cascantes, monipodio de cazagangas, tropilla de embaucadores que de cara al futuro, que es lo que a la gente joven puede importarle, aportan menos que una cabaretera a la salvación de nuestra alma, tribuna de apóstoles de la mentira hasta más allá de los umbrales de la más elemental decencia y evento en fin que, por añadidura, todos los que tenemos que pagar; una vez considerado, admitido y a duras penas asimilado, también es cosa de pararse a pensar que la política tiene su parte divertida, jocosa y, en ocasiones, absolutamente cachondísima. Cierto que es cara, todo hay que decirlo. Más bien carísima. Su plantilla no sólo es increíblemente numerosa sino que, por añadidura, es espléndida y generosa. Tal vez sea esa otra de las razones por la que no debemos desperdiciar su noble y eminente gestión.
Interesarse por la política es un ejercicio que puede definir en uno la forma de ser para afrontar su futuro en la vida, en el sentido de que manifestar tal interés nos puede llevar a hacer de nosotros unos resignados apanarrados sociales, en el caso de interpretar la tal política tal como los políticos nos la presentan y pretenden vendernos, pero que también nos da la oportunidad de que podamos aprender a aprovechar nuestra más íntima y optimista manera de contemplar nuestros horizontes particulares, simplemente considerando la cantidad de memeces, falsas promesas y esa constante y machacona manera de dirigirse al pueblo y que es casi una obsesión por parte de nuestro gobernadores, parientes cercanos y adjuntos en el chollo, de hablarnos y decirnos cosas propias para ser escuchadas por un auditorio absoluta y rotundamente imbécil. Eso es una cuestión que, francamente, tiene muchísima gracia.
Por eso conviene prestarle atención a la cosa política desde que uno es jovencito y todavía no está muy maleado. Luego, ya se sabe: Los quehaceres de nuestros administradores patrios y sus decires pomposos y repetitivos, llegada cierta edad nos suenan a música ratonera y como con los años, a la mayoría de la gente desgraciadamente se le va agotando el sentido del humor en proporción inversa a la proliferación de los achaques reumáticos, pues ya la cosa política, además de parecernos aburrida y desvergonzada, nos puede producir unos cabreos irritantes difíciles de definir. La única ventaja que nosotros encontramos en relación con esto del poco interés que la gente joven demuestra por sus mentores políticos y numerosos acompañantes, es que visto así, pues a largo plazo y cuando nuestros mozos de hoy sean mañana hombrones junto a nuestras mozas convertidas en madres responsables, pueda decirse que ha llegado la edad feliz para este pajolero y picañoso mundo, en el que eso de cantar loas y alabanzas a semejantes ciudadanos, bailarles el agua y mover la banderita en los mítines de las plazas de toros, sea un recuerdo rancio del pasado, una triste estampa perdida en el tiempo y una forma de demostrar a la humanidad que la humanidad no es irrecuperablemente idiota.
ruizpuron@terra.es

Francisco Ruiz Purón

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